me lastimaba los oídos el silencio
Mi abuela se despierta y no sabe qué día es. Podría seguir siendo hoy. Entra a un cuarto y de inmediato se le olvida para qué había entrado. Se para a media cocina, esperando que su mente recuerde por qué está parada a media cocina. Sale de la casa porque piensa que vio a alguien. Quiere que seas Tú. Vio una sombra ir y venir varias veces, con su vista periférica la vio. Pero al salir al patio, solo, todo sólo. Y dice que entonces se dio cuenta de lo callado que se había quedado el mundo, oyó atentamente el silencio... me lastimaba los oídos el silencio. El mundo hizo un minuto de silencio. Una falta. Algo falta en este mundo, tan lleno de todas las cosas. Sobran el aire, las nubes, la luz. Pero la falta. El nombre. La madre, mi abuela, lo hizo a el con su vida. Como una auténtica creadora, a quien la naturaleza le ha confiado la proeza de crear, no hizo vida del polvo, sino de su sangre, sus huesos, su aliento. Y él, se fue. Entonces, una parte de ella ha muerto, una carne, un espíritu de ella que ahora ya no están aquí. Sentir morir a tu hijo, sentir su muerte en este mundo. Sentir que este mundo lo mató. El temblor de lo que pasa, y el temblor de lo que va a pasar. Los sentimientos que explotarán. Todo, lo bueno y lo malo, y lo extrano, y lo hermoso florecerán en los siguientes días que están viniendo. Se aproxima el desnudamiento que deja la muerte a su paso. Nos veremos las caras. Todo abajo de la misma luz mientras en el centro tu, querido Javier, yaces, tieso, helado. No disponible, Ay, ya no estas disponible, para nada... nada de Javier en esta tierra. De todo ese calor, ni un rastro. De toda esa guerra, esa gloriosa lucha en contra de la vida... Mi abuela, quien te hizo, y quien por tu muerte muere, quien te dio la sangre y los huesos y el calor de adentro de la piel, quien respiro por ti, quien fue tu aliento, quien ya no verà tus cansados ojos, quien se exprimirá los ojos hasta hacerlos piedra del puro llorarte y llorarte, ay, Javier, parecemos todos tontos, porque todos queremos revivirte a lagrimazos, a lagrimazos levantarte de donde estas tirado, para ya no caminar junto a nosotros, ni bromear ni insultarnos ni mentirnos ni abrazarnos calurosamente, humanamente, para ya no estar cerca, para ya no ver la forma de tu sombra, para ya no oler tu perfume, para empezar a vivir en la vida despues de Javier, la nueva, extrana, pobre vida que recien empieza ayer y hoy y manana y despues porque es una en la que ya no haces acto de presencia. Ay, Javi, has hecho acto de ausencia. Has desertado, tragicamente, de nuestras filas. Eres el primer Guerrero que conozco que ha perdido una batalla. Derrotado por una botella. Derrotado, lo diré, por el amor. El amor a las mujeres. Derrotado por el colosal Crepúsculo de toda esperanza. La vida ha podido contigo. Vuelves de la Guerra, yaciendo sobre tu escudo. Entraste en la guerra, y recibiste el letal beso de la guerra, y vuelves, abatido, claro, pero trágico y glorioso. Amado. El primer Guerrero que combatirá en el campo de batalla del mas allá. Hiciste la Guerra durante tu vida. Tu vicio fue tu arma, una forma de protesta. Tu dano autoinflingido era rebeldía. Lo reconozco, veo lo que era. Protestabas, inconforme ante la vida, a traves de tu vicio. Ejercias la gran rebeldia, la manifestada a costa del propio cuerpo, de la propia salud. Un alzamiento. Pero es mentira, Tío, porque no irás al cielo. Tampoco arderás ni serás brasa de la seca. Tú bajarás. Ahora, tio, te retiras, hacia adentro de la tierra, para yacer, silencioso, adentro del calor de la eternidad terrestre. Te adentras, mas ligero, en el vasto oceano de la vida. Entraste a lo profundo de la vida. Y los que quedamos detras tuyo, en la superficie, te extranaremos, y celebraremos tu bravura para ser el primero de todos que se adentra en una fosa que se come toda luz, la muerte, el reino de las cosas que yacen y que estan sombrias, la absolutez donde la vida bulle, tio, el calor líquido y negro de la tierra, la placenta, Tío, te adentras en el neant, hacia el cual todos habremos, sin falta, eventualmente, de bajar, para reunirnos, en la oscuridad, para hacer un concilio en medio de la oscuridad, bajo la presión de varios cielos apilados sobre nuestros hombros. Nos encontraremos, en las aguas que duermen cerca del corazón, en la cálida ceguera.
En realidad no hay tanto que decir al respecto. Me cuesta toda forma de expresión racional. Esto que sucede, esta muerte tuya y mía, la muerte nuestra, Tío, sólo puede ser manifestada a través de la poesía. Siento la poesía de toda tu muerte. Siento el regalo, y el agradecimiento por la vida que aquí y allá nos puso cerca, una y otra vez. Hasta ahora. Has muerto. Te echare de menos. Ojala estuvieras. Ojalá estas palabras no existieran. No podrá ser. A vivir sin ti.



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