El Eco de un §antiago es largo entre las cumbres
cierro los ojos y cuando los vuelvo abrir ha pasado media hora en la Zona Horaria de La Realidad. Un morro gringo me tiende la mano desde la oscuridad y me dice que se llama Felipe. No habla español. Es el amigo de Chuy, le mandó un mensaje hace unas horas porque vamos a subir una montaña que está lejitos de aquí y con él somos 4. Vamos mi carnal, Santiago (17), mi primo, Chuy (18), su compa Felipe (su verdadero nombre es Chris Covarrubias) (18) y yo, Ricardo Jilguero (25). Me dormí marihuano y desperté aún más marihuano, y lo primero que hago al despertar es pegarle otro vergazo al blinker. Es una sensación curiosa, estar al mismo tiempo grifo y muriéndote de sueño sin poder dormir. Agarramos las mochilas, 10 botellas de agua Sparkles y FIERRO POR EL FREEWAY. Exceso de velocidad, exceso de wax. Patrullas del ICE a carriles de distancia. Gorillaz (Rhinestone Eyes), Kid Cuddi (la rola de Proyecto X pero rebajada), Crystal Castles (Vanished), Le Tigre (Deceptacon). Música alterada y remezclada para este contexto. Música para fugarse y desobedecer. Son las dos de la mañana y vamos a subir una montaña. Hikers ricos, viven en Pomona, en Perris, todos son dolorosamente güeros y hablan también güero. Conozco las palabras de los güeros, conozco cómo se pronuncian y en qué orden...pero no las digo como ellos. Mientras yo pueda darme a entender, me vale verga todo. Que ellos hagan la lucha por entenderme. Media hora en carro subiendo entre cerros y montañas mientras buscamos el lugar en el cual empieza la vereda del ascenso. Está oscuro por entero el mundo y apenas miramos lo que los faros alumbran, unos pocos metros de carretera y música a todo volumen y wax a todo pulmón. Pienso que no debería estar marihuano porque voy a necesitar que mis pulmones me hagan el paro. Y mis piernas. Y mi corazón. Pero la mota me revitaliza y me empuja un pie delante del otro. La mota es electricidad intravenosa, corriente eléctrica de un carro a otro, una corriente alterna de alto voltaje. Nos bajamos de la troca azul de Chuy y ni siquiera la mota sabor leche de cereal me defiende del frío. Está helado, congelado, traspasa mis huesos. FUCK. Mi hermano parece pingüino, la cabeza metida adentro del gorrito de su suéter. No alcanzo a ver a Chuy ni a Chris porque están más lejos, pero imagino que igual se mueren de frío. O no. Están locos, bien podrían no sentir nada. Bien podrían tener calor. Estamos en un círculo y no podemos vernos las caras, apenas podemos oírnos por culpa del viento. Nos presentamos ante ellos. Nice to meet you all, my name es EL JILGUERO DE LA SIERRA. Comenzamos la subida. Es fácil, pongo un pie en el sendero y de inmediato mi cuerpo entiende que esta montaña simplemente me la pelará. Necesito aquí aclarar que yo soy un niño del cerro. Soy un niño de la tierra. Emergí brotando entre las piedras para abrirme paso hasta llegar a la vida. Me crié en un cerro, he subido ese mismo cerro innumerables veces. Mis pies y mi cuerpo completo saben leer un territorio agreste como si mi pies fueran mis manos y el terreno una página en braile. Vamos sin botas de montaña, sin ropa rompevientos, sin bastones de escalada. Traigo mi chaqueta de la sierra y un jersey del Barcelona de la temporada pasada, de cuando le pusieron al Madrid una verguiza. Santiago trae una chamarra malacopa y un Levis negro. Parece que venimos de una fiesta. De una mala fiesta. Realmente no soy capaz de experimentar físicamente el tiempo mientras escalo esta puta montaña. Doy un paso y después otro, a eso se reduce mi existencia. A veces alguien habla, los chistes en inglés son aburridos, obvios. Pero conforme van pasando las horas, se van acabando los chistes, y solamente queda el silencio apenas roto por el ruido de nuestro pasos cada vez más cansados. En cierto momento, en un tramo bastante inclinado y que para cruzarlo tienes que brincar entre las piedras sí o sí, una muchacha que iba delante de mí con una gorra Nike negra se voltea, me mira y pregunta "Huh, no more jokes?", y como la idea de salir de mi ensimismamiento para responderle con un chiste, dando pie a una potencial conversación para la cual no sé si tengo fuerzas o ganas o creatividad, simplemente le sonrío. A cada rato tuerzo el cuello para asegurarme que Santiago viene atrás de mí. Chuy y Chris van adelante, bromendo sobre nukear India...al lado de unas morras de la India. Hay un cabrón que va atrasito de mí, trae pasamontañas, es gringo pero sabe un poco de español, y hace bromas naquísimas sobre el ICE y nos pregunta que a qué vinimos, nosotros MEXICANOS, a Estados Unidos, ¿a subir cerros? Juro que me preguntó eso. Pero no me costó nada escalar este pitero promontorio gringo. Para mí, fue como subir las escaleras. Eléctricas. Subimos, subimos, subimos. Siento los cambios en la presión atmosférica, siento el superávit de oxígeno en el aire. Me siento ARRIBA. Chuy me ofrece más wax y yo le pego y de repente mis pulmones son más grandes y ya estamos en la cumbre. Una vez ahí, solo nos queda esperar que amanezca. El sol se toma su tiempo. El sol se hace del rogar. Un escalofrío me hace cosquillas en la médula espinal mientras entiendo lo que significa PRAISE THE SUN. Arriba hace más frío que en ninguna otra parte. Arriba es el polo norte. Arriba me siento en una piedra y me hago bolita adentro de mi chamarra de borrego cimarrón imaginando que es un cobertor y que la piedra es un colchón de plumas. En este momento pienso en alguno de los mil putos aforismos de Nietzsche que decía algo creo de que la cumbre no era ninguna gloria o premio por haber subido, sino un páramo frío, solitario y distante del resto del mundo, un lugar que te hace consciente de lo sólo que estás en el mundo y de que el esfuerzo, la fuerza, la superación de ti mismo, no contribuye en nada a acortar tus distancias con otros seres humanos, sino a agrandarlas. Pienso que tiene razón, aunque en este momento amo a mi hermano porque subió junto conmigo, detrás de mí. No me engaño, sé que no me necesitó para subir. Es más fuerte y con el tiempo será más agil que yo. Pero me llena de amor que haya subido hasta esta cumbre conmigo, que comparta conmigo este frío y esta altura y esta distancia para con todas las cosas del mundo ordinario. Mis miedos se miran chiquitos desde aquí. Mis responsabilidades parece que no existen, no me importa nada. Miro la nieve de los picos de más lejos, la nieve que se hace más blanca conforme el sol va incendiado lo azul. Lentamente, voy desvaneciéndome. Otro vergazo al blinker. Estoy tan marihuano. Merezco estar así de marihuano. Merezco alucinar vocecitas y luces en las esquinas de mis ojos. Una morra hermosa que se llama Aura me regala una mitad de su sandwich, el cual me sabe delicioso porque no he comido nada desde el mediodía del día anterior (ahorita van a ser las 7 de la mañana). Otra morra nos regala Ferreros, un wey trae chips de plátano y el hambre hace que hasta eso se me antoje y me sepa a delicia. Lo devoro todo y miro la nieve ponerse blanca y blanca. Es como lo contrario de mirar a alguien ruborizándose. Miro el lento incendio del cielo, que es el más grande rubor. Veo a mi hermano intentando espantar el frío moviendo las manos. Veo a mi primo fumar marihuana y ligar con una morra de cabello chino. Me veo absolutamente vacío, disfrutando del vacío de mi vida, cada vez más vacío, cada vez con más espacio para hacer lo que yo quiera conmigo. En el otro extremo de la cumbre donde estamos todos (somos unos 14 en total), unos gringos alaban el papel de ICE en la vida estadounidense, alaban las armas y comparten opiniones "impopulares" sobre la migración... el gringo de las preguntas pendejas obviamente está con ellos, 'aportando'. Mientras estaba grabando un vídeo de mí diciendo mis pendejadas sobre las montañas, ese mismo wey se me acerca, aparece en el encuadre, le digo con un ánimo absolutamente amigable y conciliador que se presente a la cámara...y nunca olvidaré lo que me contestó:
—Yo no me identifico...estoy con el ICE.
Cuando empezamos el descenso, ya con luz en el camino, me empiezo a dar cuenta de todas las cosas que oí. Wey estaban hablando jajajajaj de matar mexicanos, de matar migrantes, de lanzar misiles y robar recursos. Estaban hablando de eso porque pensaron que no entendíamos inglés. Pero el wey del pasamontañas sí sabía que yo sí hablo inglés, así que estaba diciendo todas esas cosas para que lo escuchara. Y cada que pienso en la situación me parece más y más jodido porque ahora soy capaz de dimensionar lo drogado, cansado y desvelado que estaba como para entenderlo todo al momento, todo el contexto simbólico y político de la situación. De repente, mientras lideraba el descenso, me dije, wey, nmms, este no es mi país. Wey, estoy entre extraños, extraños que no me entienden cuando les hablo. Extraños que nos miran, a mí y a mi hermano, como formas de vida literalmente menos valiosas. Entiendo todo esto mientras voy bajando por donde subimos, veo los barrancos que flanqueaban los caminos, no los había mirado en la subida porque estaba oscuro pero ahora los veo. Son barrancos de a de veras, no se puede ver el fondo porque en el fondo hay neblina. Voy dando pasos, Santiago viene detrás de mí pero por trechos se aleja y queda fuera de mi radar. Y atrás de él viene el pendejo de las bromas sobre ICE, haciéndole preguntas, intentando involucrarlo. Agradezco que Santiago no sepa inglés porque no puede conversar con este pendejazo. Ese wey se cae a cada rato, aún trayendo los bastones de escalada y las botas con picos, las piedras se sueltan de donde él pisa, la tierra resbala debajo de sus pies, se cae y maldice en inglés. La tierra lo está rechazando. Disfruto viendo su inferioridad física frente a nuestra seguridad sierreña. ME GUSTA ANDAR POR LA SIERRA ME CRIÉ ENTRE LOS MATORRALES ME GUSTA BURLAR LAS REDES QUE TIENDEN LOS FEDERALES. No tenemos equipo, no hemos comido ni dormido, y aún así descendemos a través de esta montaña con los ojos cerrados sin esforzarnos y sin caernos. La técnica de cómo hacerlo viaja a toda velocidad a través de nuestra sangre, es el mensaje que nuestras neuronas se transmiten. Mil imágenes me dan vueltas por mi desvelada y todavía marihuana cabeza. Pienso en qué haría si estos gringos cabrones intentaran hacerle daño a mi hermano, si intentaran dañarme. Mis escalofríos me traicionan y me proyectan en un microsegundo una escena hipotética: durante uno de los trechos en que dejo de oír y ver a Santiago, me quedo parado a esperarlo. Pasan los otros al lado de mí pero Santiago no aparece. Y entonces pasa el grupo de los gringos de humor pendejo y les pregunto si vieron a Santiago. Bromean insinuando que lo aventaron a un barranco. Me veo regresando corriendo, revisando cada tramo de la ruta, gritando su nombre y oyendo mi eco gritando su nombre. Santiago. Santiago. Santiago. El aire de la sierra me arremeda. No soy capaz de describir cuánto lo amo. Veía la posibilidad de su muerte como algo peor que el infierno. Mi infierno sería un mundo donde él se muriera. Grito su nombre, me quedo sin aire, nadie me responde. Lloro y grito con más fuerza, pero ya no tengo aire con qué gritar. Me araño las manos bajando a los barrancos, me meto en las breñas, me raspo las piernas, me pico con ramas cubiertas de espinas. Sangro a través del día en que busco a mi hermano perdido en esta montaña. Lloro sin dejar de caminar ni de gritar su nombre. Pienso y me imagino todo esto durante el lapso DE UN SOLO PARPADEO...pero es que cuando traes el sueño que yo traía mientras bajaba por esa montaña, los parpadeos duran mucho más, cierras los ojos y cuando los abres las cosas ya cambiaron, estás en otra parte, te teletransportaste. Y luego empiezo a tener miedo de simplemente caer derribado por mi propio cansancio. Daba un paso y me jugaba todo mi equilibrio, y sentía que el siguiente paso, que ya se aproximaba, sería el último antes de azotar sobre la tierra. Pero en ningún momento me caí. Mi cuerpo jamás consideró la posibilidad de traicionarme. Aún cuando yo ya deliraba y estaba dormido y despierto, mi cuerpo decidió funcionar aparte para no fallarme y llevarme sano y salvo hasta la troca, con mi hermano caminando detrás de mí siempre. Jamás en la vida olvidaré ese cansancio. Apenas me sentía la cara, pero el resto de mi cuerpo no estaba ahí. Mi cara flotaba ajena al mundo. Mi cara era un globo abandonado. De repente, detrás de una curva ya más plana, aparece el puesto de montaña. Los carros, la gente. Llegamos. Caminamos hasta la troca y nos damos cuenta que no podemos abrir porque Chuy trae las llaves y como Santiago y yo nos adelantamos un putero a él le faltaba MÍNIMO media hora para alcanzarnos. Me quito las putas Dr. Martens y camino descalzo hacia un tronco de pino que sirve como bardita y me siento encima de la bardita para darle un respiro a mis piernas. La sangre circula sin presión. Se me distienden los músculos. Todo mi cuerpo se va acordando del frío, aunque para este momento el sol lleva ya un rato en el cielo y no hace tanto frío como en la noche hizo. Pronto nos alcanza Aura y nos hace plática. Nos invita a subir Mount Baldy el 18 de enero. En ese momento, me parecía que faltaba una eternidad para que fuera 18 de enero. Hoy faltan sólamente ocho días. Aparecen Chuy y su compa junto con la morra de chinos y sus amigas. En cuanto subimos a la troca, su amigo empieza a decir pendejadas terraplanistas y yo, aún con todo mi cansancio físico y mental, muerdo el anzuelo: debato en un atropellado espanglish sobre la curvatura de la tierra, que se veía desde la cumbre donde estábamos hacía unas horas, sobre la gravedad que organiza los elementos en forma de bola y esas bolas con el tiempo se convierten en planetas, sobre las zonas horarias y demás pruebas al acceso de todos con un poquito de ganas de no quedar como pendejos. No sé si el wey era realmente terraplanista porque era de esos que necesita estar constantemente haciendo bromas pesaditas para sentirse seguro incomodando a las personas, pero por cómo me decía sus argumentos, incluso si no creía al 100 en ellos, sonaba como que había pasado bastante tiempo expuesto a ellos, escuchándolos, leyéndolos. Detrás de cualquier conspiranoico siempre hay una persona insegura, desconfiada, una persona que piensa que "todo es un engaño" y se le mueve el piso y se aferra con desesperación a un relato que organice el caos de este planeta y de la vida humana. Pero esto no se lo llegue a decir. De regreso, ya en el freeway, me dijo ya en serio que iba a irse al "army" en abril. Y tenía sentido. Era un morro de 18 años fascinado con las armas porque pasó demasiado tiempo jugando Black Ops 2 y encontró en la violencia armada una identidad. Su actitud hacia mí cambió cuando le dije que era "bachelor", licenciado, de pronto se interesó por mi vida, le platiqué de mi papá, que también es universitario, y de mis planes de hacer una maestría en Puebla. Y luego me empezó a hacer muchas otras preguntas, con una curiosidad genuina acerca de mi opinión sobre tal o cual tema (entre ellos la transexualidad ((me preguntó específicamente sobre mi experiencia sexual con mujeres transexuales), el poliamor, la violencia inherente a la esencia de todas las personas)). Y me sentí mal, sentí genuina lástima de él porque su país le demostró que la educación no era una opción disponible para alguien como él. ¿Quién sabe lo que hubiera sido ese morro de no ser porque a su país le interesa tener asesinos en la nómina y no médicos, ingenieros, abogados, químicos? El ejército es el gran vertedero de las ilusiones norteamericanas. Chuy también trae la idea de entrar al servicio, pero se nota a leguas que no está para nada seguro de hacerlo. Me pongo en su lugar e intento no juzgarlos. Al fin y al cabo, se trata de la misma falta de opciones y oportunidades que lleva a tantos adolescentes de mi país, sobre todo en zonas marginadas, a engrosar las filas del narcoestado. Yo mismo he considerado, en diferentes tramos de mi vida, unirme a las fuerzas de la policía ministerial. No los juzgo ni los culpo, porque si incluso alguien como yo, persona con acceso a educación superior gratuita y apoyo constante de mis familiares, puede llegar a barajar la idea de tomar un arma entre las manos y recibir dinero a cambio de dispararla, ¿cómo no van ellos a considerar esa misma posibilidad, estando en un país que no les ofrece educación, ni servicios de salud, ni un sistema de relaciones familiares sólido, ni una idea cultural significativa por la cual vivir? La única cultura de su país es la cultura militar. El objetivo de una cultura, para mí, debería ser el celebrar la vida, pero la razón de ser todo lo militar es el asesinato. Lo militar es temido y respetado. Los militares tienen una vida económica más o menos resuelta, obviamente si sobreviven al "trabajo de campo" y no se vuelven locos por el trauma antes de los 30 años. de regreso a Chuy le empezó a pegar el sueño, le fuimos haciendo chistes pendejos para que no se durmiera manejando en el freeway. Bajaba y subía las ventanas, le subía a la música, su compa le pellizcaba las costillas, fumaba vape y blinker al mismo tiempo para darse ánimos. Veía sus párpados caer como dos pesados telones de acero...para volver a levantarse otra vez de repente, errática, paranoica, bruscamente. Estaba peleando contra la noche que quería llenar sus ojos y manejaba a toda velocidad por la autopista. Sonaba en la radio "Jiménez", de Grupo Arriesgado. Aceleraba, aceleraba. Llegó a ese punto en el que vas tan rápido que ni siquiera sientes la velocidad. No tenía una noción de mí desplazándome a 60 millas adentro de un capullo de metal celeste en un país extranjero. Realmente este país, a la sombra de esta bandera estrellada, sufrirá. Sufrirá un grave y terminal cáncer. Se le inyectarán millones de agujas intravenosas, que suministrarán a su torrente sanguíneo químicos extraños para intentar frenar el avance de los carcinomas en las células. Perderá el cabello, tendrá mala memoria. Alucinará fantasmas, voces, colores extraños. Dirá delirios. Y asesinará a su cuidador, a la persona designada a acompañarle y cuidarle. Sucederá. Lo ví en los ojos de mi primo y de su compa y de cada norteamericano que miré a los ojos. Dios bendiga a los Estados Unidos de América. Los arrullará el payaso, vaya que los pondrá a dormir y tendrán pesadillas, pero en sus pesadillas
ellos son el monstruo



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