Por qué nada más hay como tres o cuatro autores mexicanos y nuestro aparato editorial es una burla???



Más que una pregunta, es un comentario, Todos sabemos por qué. Hemos dejado de crear. Me refiero al acto de hacer surgir algo donde antes había nada. La literatura en méxico, de un tiempo a esta parte, se ha quedado tirada en la deprimente y debilucha "autoficción". Hay una línea muy clara que separa el usar los hechos de tu propia vida como inspiración para crear (a lo Cervantes, con El Cautivo) y en simplemente "novelar" los chismes aburridos de tu vida, tus quejas intrascendentes pero con una capita de pintura para disimular. Testimonios borrosos, interminables listas de tragedias personales cuyos sufrientes consideran aptas para conformar novelas, cuentos o poesías. La literatura se quedó tirada en ese piso sucio y no se quiere levantar, y cuando intentas levantarla llora, como esos niños castrosos en las quinceañeras que se llevan pero no se aguantan. En todas las literaturas nacionales han habido los momentos de debilidad, las malas rachas, momentáneos lapsus de la razón...es algo normal. Los bajones son normales. Lo que no es normal es que esas malas rachas se alarguen hasta que ya ni siquiera te acuerdas de que esto, esta prosa aburrida y remachada de mexicanismos, estas tramas en las que no pasa nada y estos personajes basados en personas eran un paréntesis, una toma de oxígeno en lo que volvíamos a correr, a la carrera, al maratón de la Gran Literatura. Los escritores mexicanos han preferido ser el corredor al que le pega el dolor de caballo y de inmediato se retira y se sale de la pista, abandonando sus ganas de ganar. Hemos olvidado el combate, la pasión, la furia del compromiso para con la vida, el gran drama de la vida, que conduce hacia la gran creación...en lugar de eso, el escritor mexicano prefiere, sentado a las orillas del camino, escribir un largo artículo sobre por qué, en primer lugar, no merece la pena recorrerlo... la autoficción como género que reina es una vergüenza absoluta. Sin ánimos de hacerlo propio, personal y visceral, exponiendo a quien deba ser expuesto (incluyendo al propio autor), algo al estilo de los Diarios amorosos de la Gran Patrona Anaïs Nin, pero también sin ánimos de separarse de todas esas vivencias, de mirarlas desde afuera, con una perspectiva amplia, sin voluntad de paisaje. Un llanto interminable, lloriqueos, rencor y autodesprecio. La novela de Julian Herbert, "Canción de tumba", es para mí el modelo de lo que aquí estoy describiendo. Una serie de anécdotas aburridas y mal mezcladas, lo que me gusta llamar un bodrio infumable. Julian Herbert, a través de la "novela", parece querer aparecer como un "sobreviviente" de todo eso que está contando, desgraciadamente, y como él mismo lo advierte en la página 99, ha olvidado que es una puta. Es un trabajador y su patrón es el estado. Ni siquiera es un obrero sino que es un burócrata, se gana el pan. Cumple. Entregó un determinado número de páginas y a cambio le dieron dinero. Pero no es un escritor. Me cuesta trabajo calificar de escritor a nadie vivo en este país. He leído, he intentado leer sus obras, me he arrepentido, he quedado ciego. No hay escritores mexicanos, Con escritora es diferente, hay una de ellas viva y se llama Ana Clavel. Y si la reivindico siempre que puedo es porque ella cumple el requisito básico, el único requisito: es una creadora. Escribe historias, escribe personajes, los pone a moverse en un mundo que salió de ella pero que se encaja con "el nuestro", con el gran mundo común. Pero los mundos que ella va creando no son una magnificación de su mundo privado, lo suyo no es un gesto desde el ego, o más bien, desde el egoísmo, sino un diálogo entre mundos. Ana Clavel también se ha servido de las becas y los premios, pero basta leer uno solo de sus libros para darse cuenta de que no es por eso que lo hace. Escribe porque tiene que escribir. Porque no le queda de otra. Es una escritora, es pasional, y sus novelas invitan a leerlas desde la pasión (especialmente Amor es hambre). Otra que sospecho que sí tiene algo por decir y el lenguaje para poder decirlo es Christina Rivera Garza, tristemente, a la hora en que escribo todo esto, El Invencible Verano de Liliana sigue esperando mis ojos y mis manos. 

El tema de las becas y los premios es relevante, porque levanta una imagen falseada y muy fea de la literatura. Literatura como carrera, como "trayectoria", como suma de premios y de honores. Hemos olvidado que el escritor debe sufrir, padecer, vivir afuera de sus ojos, pegándose con lo real y con lo duro de la tierra. Ve a Luis Humberto Crosstwaithe, ve a Salinas Basave, y verás embajadores, profesionales, lloriqueando porque ahora hay que hacer fila en el buffete (!!!). Es un cuadro deprimente de senilidad. No inspira ninguna clase de respeto. Y no invita a recorrer el resto de la obra, no produce deseo. Sus creaciones son "experimentos", en el peor sentido de la palabra: creaciones de laboratorio, cosas sintéticas, malabares, palabrería. La novela de los cholos que no me acuerdo como se llama pero la escribió Crosstwaithe, parece la tesis de un joven antropólogo investigando una subcultura urbana. Sus obras están carentes de vida, sus símbolos no tienen fuerza. 

¿Y el entorno editorial? Hace poco salió a la luz una fuerte acusación en contra de un conocido editor de Tijuana, alguien que ganó, también hace poco, un importante premio de parte de nuestro importante gobierno estatal. Todos sabemos de quién hablo. La funa es por pederastia. El editor joven con mayor proyección estatal, que ha publicado a los autores "consagrados" de BC (o sea, a toda la Dinobanda +90) utiliza sus redes, sus influencias y contactos para incomodar y acosar sexualmente a menores de edad. Elma Correa ganó, en febrero,  el Biblioteca Breve con una novela cuyo ISBN estaba en los registros de Planeta desde UN AÑO ANTES DEL CONCURSO (https://isbnmexico.indautor.cerlalc.org/catalogo.php?mode=detalle&nt=456623)...sin mencionar que ella mismo se hizo eco de su publicación, lo mismo, un año antes del concurso (https://zetatijuana.com/2025/06/editorial-planeta-contrata-a-mexicalense-elma-correa/). No hay un epicentro editorial ni literario en todo el norte. No hay bastiones. ¿Qué hemos hecho con la esquina de país que nos tocó, aparte de intentar convertirla en una Chilangolandia Jr? Sin bases históricas, sin un interés artístico real por darle forma a algo, las y los escritores de verdad, no los encarrerados ni becados, deben armarse sus propios espacios, hacer sus propias relaciones, escribir desde sí mismos, desde el trabajo o el desempleo, en abyme. Esto no sería ningún problema, si no fuera por los precedentes literarios de verdadera originalidad en nuestro país. Juan Rulfo escribió y publicó amparado en el Centro Mexicano de Escritores. Sor Juana era befa de la Virreina. Ana Clavel, gracias el cielo, también está amparada por las becas que le permiten dedicar su vida, de forma exclusiva, a la escritura. Todos requerimos de un ecosistema que propicie nuestro crecimiento. El ecosistema de escritura en Baja California es nocivo para la escritura, las figuras de poder no lo obtuvieron por su talento, sino por su habilidad social para saber manipular y servir a los intereses adecuados. Si algo existe que valga la pena y que sea humano y contenga calor, son nichos minúsculos, autónomos, sin ánimos de lucro ni de convertirse en una industria de la literatura (pienso en los espacios que, de tanto en tanto, abre la mejor librería de Tijuana, Libros, café y jazz), pero, al final del día, insuficientes en el gran esquema de las cosas. No existe una infraestructura publicatoria, y decir que cada año nace tal número de editoriales me parece de todo menos un signo de buena salud literaria: editoriales efímeras para escritos efímeros. Y si los grandes apoyos y los grandes recursos del centro del país tienden a caer en manos de los Padrinos y de su apadrinados, ¿entonces a dónde nos vamos?

Por mi parte, he convertido este blog en mi proyecto editorial. Todos mis textos  acabarán en el lugar en que empezaron: en esta Cronofobia. La novela que escribo justo ahorita, Los Fuegos de San Juan, crece saludable día con día y quien guste comprobarlo puede acceder a ella, pueden mirar cómo la voy escribiendo, cómo la voy cambiando y haciendo enorme. Está creciendo con los ojos hacia el cielo, tiene los huesos repletos de calcio...corre, se tropieza, se raspa una rodilla y se levanta porque va a seguir corriendo....ahora la miro trepándose en un árbol, sin pensar un solo instante en cómo bajará. Si todo lo que aquí ya existe no es bastante para hacerme examen, deseo que se me juzgue desde Los Fuegos...allí está mi testimonio como persona creadora, todo lo mejor de mí, toda mi energía canalizada a lo largo de 24 años allí la voy juntando. Si esta crítica que hago es válida de forma alguna, que lo sea no desde esta crítica, sino desde mi obra que ya existe y que le pongo al mundo enfrente. El Monólogo de Laura Garza, Lacandona, han sido precalentamientos, ejercicios para ya poder soltar la mano, dejando que persiga la novela... Quiero demostrarles cómo se hace, quiero que vean que se puede ser individual sin egoísmo, que el poder ha de ir envuelto en belleza, y no en senilidad servil. Los escritores mexicanos hemos olvidado lo que es la potencia, el impulso, el arranque...ha llegado la hora del más largo parpadeo, de la mano desencadenada del cerebro, la hora en que los astros se rebelarán, al fin, contra sus órbitas. Publiquemos nosotros mismos, hagamos fuerza Fierro. 

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