Saturnos sólamente

 


Las peligrosamente precisas imágenes de los sueños. No sé de dónde vienen. ¿¿Realmente va a ser verdad eso de que la mota, te aleja de tu propio mundo onírico?? No suelo soñar, no sueño, de hecho, cuando mi consumo es constante. Se desactiva *algo*. Y este fin de semana casi no consumí, ni sentí la necesidad de consumir en grandes cantidades. Y volví a soñar. Cosas sobre mi padre, porque parece que se está desmoronando. Ayer que lo vi afirmaba su plenitud y su florecimiento con palabras, pero se miraba en su cara y en su actitud que es una persona que se está viniendo abajo. Sus ojos me proyectan desesperación. Habla de retirarse, ya no quiere saber nada. En menos de 5 años, quiere desaparecer en el abstracto México del sur, o sea en cualquier parte de México. Quiere retirarse. Ya me lo había comentado, pero ahora tuvo con nosotros una plática al respecto, toda una plática sobre cómo ya no quiere seguir. Dice que busca a Dios, pero me llamó Pendejo e Hijo de tu puta madre en cuanto le hice las más mínimas preguntas sobre sus aparentemente fuertes y nuevas creencias espirituosas. Me lo dijo con un coraje genuino, y eso sí lo dijo con verdad en la voz, una urgente y necesitada de oídos verdad. La diferencia entre el tono con que me dijo esas groserías y el resto de sus discursos, falsos y exageradamente reflexivos, es abismal y notoria para cualquiera dispuesto a escuchar con atención. Me dieron risa sus ofensas en ese momento, y me dan risa ahorita todavía que las recuerdo escribiéndolas, pero sé que en el fondo me agüita que pueda decírmelas así de fácil, con tanta sinceridad me dice eso. Otra vez el sentimiento de orfandad, el padre transparente, escurridizo, jamás materializado. De la misma manera, el viernes tuve otro triste episodio de desengaño paternofilial con mi abuelo. Ya estaba borracho cuando yo llegué a su casa. La verdad no recuerdo la última vez que lo vi estando sobrio y en pleno uso de sus facultades mentales, pero esta última vez que lo miré al menos estaba consciente todavía, de sus palabras y de sus acciones. De inmediato le sugerí, con señas, que deberíamos subir a la casa de mi bisabuela para quemar un poco de mota. Y él me confirmó, también con señas, que efectivamente deberíamos hacerlo. Primero bajamos por cerveza y luego subimos a la casa de mi abuela tacha. Una vez ahí, preparé la hierba y las pipas, y le dimos. Estaba el Canchis lavando un carro, él también le dio. Pero mi abuelo, casi inmediatamente después de haberle jalado, comenzó a vomitar de manera ininterrumpida durante unos, no estoy mintiendo, tres minutos COMO MÍNIMO. Y su vómito, Dios, no era normal, no estaba cargado de sustancias ni de restos de comidas ni de nada, ni siquiera bilis, era como si estuviera vomitando pura agua, agua, agua más agua, yo sé que era cerveza, o lo que quedaba de la cerveza en su organismo. Fue impactante. Fue una imagen simplemente impactante. Me preocupé, pero seguimos ahí todos, como si nada hubiera pasado. Y después comenzó el show del Lobo, su retahíla de insultos, balbuceos y autoafirmaciones inconexas, sus extrañas y largas miradas, como esperando que entiendas algo sin que él tenga que decirte qué es porque tú ya deberías saberlo. YO SOY UNA BICHOLA, YO NO SOY NINGÚN PENDEJO, A MÍ NINGÚN PENDEJO VA A VENIR A...Se siente raro, conforme pasan los años se siente más raro cuando él me mira así. He llegado a creer que es una mirada de desafío, a veces desconfianza, otras simplemente creo que está perdido adentro de su mente, que se perdió vagando adentro de sus recuerdos de cuando era un hombre fuerte y joven y buscado por los políticos locales del PAN, un hombre importante que hacía cosas con los demás hombres importantes. Y ahora creo que he entendido que simplemente no se siente valorado, por sus hijos, por su esposa, por sus nietos, y que finalmente esto le impide el valorarse a sí mismo como persona. Me parece que es, en verdad, un hombre deprimido, porque cree que no se le valora. Que se acostumbró a una sola forma de poder y cree y creerá para siempre que esa forma exclusiva es la única forme posible de poder para un hombre, cualquier hombre. No cree que la fuerza y el poder puedan venir de la familia, del amor, de la entrega por las causas superiores, por el deporte, por la salud, por la belleza ni por la poesía… cree simplemente en tres poderes: la violencia, el alcohol y el trabajo, y no me parece casualidad que esos tres ámbitos de su vida se encuentren mezclados hasta el grado de a veces indistinguirse y ser lo mismo. Después de la pantomima, vino lo peor. Tuve que bajarlo hasta la casa, aunque el primer desafío fue conseguir que se subiera al carro, porque no quería que lo mandara nadie, se sintió comandado por mí y de inmediato reaccionó contra ese dominio ajeno de su voluntad. Lo que hice para conseguir que se subiera fue bien sencillo y realmente me quedé patinando de cómo no se me ocurrió hacerlo desde el principio: me subí yo, como si ya fuera a irme. Y él de volada se subió. Luego tuve que subirlo, UNA ESCALERA A LA VEZ, hasta la casa. Lo tuve que cargar, con todas mis fuerzas. Jamás había sentido a nadie derrumbarse encima de mí, y él se derrumbaba. No sé cómo conseguí llevarlo hasta su cama, no sé cómo lo hice. Estaba exhausto después del esfuerzo. Me quedé en el pasillo afuera de su cuarto, en la oscuridad plena, para descansar y poder respirar, y me acuerdo que me dieron unas grandes ganas de llorar, aunque se me quitaron luego luego. Y luego hoy, hace rato  no sé, soñé que discutía con mi papá, que los ánimos se iban calentando, y yo presentía que iba a volverse físico, porque ya he soñado que peleo con él varias veces a lo largo de mi vida. Pero esta vez no peleábamos, no quería pelear, le faltaban ánimos y fuerzas para pelearse conmigo. Me dejaba con los golpes en la mano, sin darme la oportunidad de dárselos. En el sueño, verdaderamente sentí esto como un desaire y un rechazo. ¿Qué tan jodido de la mente debo estar para sentir el hecho de que mi papá no quiera pelearme como una ofensa? ¿Por qué los hombres a mi alrededor insisten en desmoronarse, en darme ejemplos del más catastrófico desmoronamiento? Nadie me ha enseñado a ser un héroe. Nadie que vaya a bautizarme como caballero. Ningún heroísmo, ningún hombre capaz de proezas, de grandes entregas y bondades, de romanticismos puros y desinteresados, de servidumbre hacia la mujer y hacia lo femenino, porque creo que en eso está la fuente de la vida, la verdad y la belleza, en la mujer. Pero ellos le guardan un profundo y ancestral rencor a la mujer. Sólo decadencias, variadas y abundantes decadencias, obsesiones con el trabajo y el dinero, con la productividad, con las sustancias y las venenosas emociones. Sólo hombres que buscan la soledad y el aislamiento del mundo, aunque luego vayan a recriminar al mundo por acabar en ese mismo aislamiento. Ningún Odiseo a mi alrededor, Saturnos solamente, hambrientos de hijos, de comerse vivos a sus hijos a causa del enorme miedo que ha hecho albergue en sus mentes y cuerpos. Sin ramas robusta a la vista, hombres astillas, hombres quebrados, desmoronados sobre su propio eje. Qué duro es este recordatorio de la vida de que, a pesar de todo, no tengo derecho a ningún Padre. Pero es probable que, llegados a este punto, ya sea plenamente mi culpa, porque ya se me habían dado señales de esto en incontables ocasiones. Claramente banderas rojas por todos lados. Solamente puedo pensar en, ¿adivinan? Un fragmento de los diarios de Anaïs:

No hay ningún padre sobre la Tierra. El padre es esta sombra de Dios Padre proyectada sobre el mundo, una sombra mayor que el hombre. Adorarías esta sombra y tratarías de tocarla, soñando día y noche con su calor y su grandeza, soñando que te cubre y te acuna, mayor que una hamaca, mayor que los cielos, suficientemente grande para acoger tu alma y todos tus miedos, mayor que el hombre o la mujer, que una iglesia o una casa, la sombra de un padre mágico que no está en ninguna parte. Esa es la sombra del Dios Padre. (…) Amo al hombre como amante y creador. Al hombre, en quien no confío como padre. No creo en el hombre como padre. Me mantengo junto al hombre amante y creador. Con él he hecho una alianza. En el hombre como padre, siento al enemigo, el peligro.

Y sí.

Pero de todas maneras, yo no puedo dejarme arrastrar al hoyo donde ellos viven. No son hombres del mediodía, no alumbran. En sus madrigueras nunca dan las 12 del mediodía. Veo en sus moradas nada más las consecuencias del fuego, pero no al fuego en sí. Y yo ardo y antes que incendiar lo otro, lo cercano y lo que está más lejos, antes me incendio a mí mismo. Yo deseo ser la antítesis de ellos, y arder hacia adentro de mí mismo, y ser mi propia leña para arder más bello. Mi lumbre es original. No he consumido hierba mala ni astillas para ser caliente y para calentar. Yo elevo, elevo las temperaturas, saturo la atmósfera de luz. No debo permitir que anide el mismo frío que vive en ellos. Este corazón no es morada para el frío. Ellos no serán mis huéspedes. Los que fueron vencidos por el ollín, y por la gruesa costra de polvo que brotó por encima de su soledad. No soy ni voy hacia la soledad. No me gusta ese animal taimado, siempre en peligro de extinción más nunca extinto, carroñero, peligroso a la luz de la luna, cobarde a la del sol, territorial, celoso animal...yo no voy a ser esa clase de animal, y no quiero ser amado por animales así. No puedo continuar deseando amor que venga de criaturas cuyos nidos son hechos de tizne. Sombríos alacranes, venenosos, con la glándula debajo del rencor. Antes victoria sobre el viento, antes ave, antes Jilguero, antes lumbre y antes pájaro que lleva lumbre entre sus garras para darla a todas las criaturas. Antes alumbrar a todas las criaturas que ayudarlas a enterrar la luz

ANTES FUEGO FORESTAL

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