Inmóvil como el colibrí
Euphoria me gusta desde que salió porque no es tu clásica serie sobre y para adolescentes. Creo que he dejado buena prueba de ello en este mismo blog, hace unos años le dediqué un texto a su primera temporada. Me valieron verga y me siguen valiendo verga las críticas al hecho de que los cuerpos mostrados eran escandalosamente perfectos y preparados para la televisión. Es hora de superar nuestros complejos de televidentes y admitir que la gente hermosa existe y merece aparecer en la primera plana. Además, no es como que el elenco, tanto principal como secundario, carezca de diversidad racial y corporal. Hay gente gorda, flaca, negra, transexual, atlética y "promedio". También me valen y me siguen valiendo verga las críticas a la "glorificación" de las drogas, porque si la serie muestra los efectos divertidos y se pone aesthetic cuando Jules y Rue prueban el fentanilo por primera vez, también muestra el Lado B, cuando las sustancias se diluyen en el cuerpo y la abstinencia hace acto de presencia (hablo, obviamente, de quinto capítulo de su segunda temporada “Stand Still Like the Hummingbird” (un título que, por cierto, hace referencia a una colección de relatos del afamado Henry Miller, un autor americano que también fue criticado y censurado por su narrativa de sexo en exceso y drogas a peso). Creo que, a pesar de esta dialéctica que la serie sostiene entre la celebración del placer, de la lisergia y de la libertad asociadas a la juventud y de las consecuencias por hacer uso de esa misma libertad, en ningún momento se vuelve una historia moralizante ni del tipo que encuentras en los anexos a lo largo de todo México, la historia del adicto arrepentido que repite en bucle "Yo ya no soy así y por eso soy mejor que ustedes". Creo que es una serie consciente de lo complejas que son las circunstancias de alguien que, por equis o por ye, se acerca con curiosidad a una jeringa o a una píldora, sea buscando alivio, olvido o...bueno, euforia.
En realidad, toda clase de temas desfilan a través de las 3 temporadas, si uno está dispuesto a mirar más allá del encuere y degenere psicotrópico, la serie toca con bastante apertura la (difícil) intimidad entre lesbianas, la identidad de género, la industria farmacéutica y del entretenimiento, la religiosidad, y cómo no, el eterno tema del "espíritu de américa". La tercera temporada arranca, justamente, con un sinfín de referencias al western, género popularmente asociado al imaginario estadounidense. Tomas panorámicas previas al crepúsculo, ángulos abiertos, personajes encuadrados en marcos naturales (ventanas, umbrales, corrales). La presencia de la frontera, la exotización del lado mexicano (que existe, aunque no es exagerada, y que se compensa, a su vez, con la exotización de lo americano que la serie lleva haciendo desde sus comienzos). La serie también se desmarca un drama adolescente prefabricado porque humaniza a sus personajes adultos, les da profundidad, les da traumas y un desarrollo, como el fallecido Eric Dane, que encarnaba a un padre aparentemente exitoso y atractivo, pero completamente ausente en lo emocional para su familia y con densos complejos de autonegación homosexual. También está Ali Muhhamad, el espíritu guía de Rue a través de las drogas y la (posible) rehabilitación, quien se encarga, en uno de los mejores episodios de la serie (el episodio especial Troubles don´t last always) de ampliar su mirada acerca de la realidad que viven los adictos, de darle esperanza. Lo que quiero decir es que no creo que Euphoria caiga en la caricatura, no es una caricatura ni un muestrario de estereotipos, o si los hay, si es que los tiene, no soy lo suficientemente listo para verlos, pero de momento, hasta el capítulo uno, que miré apenas ayer en la noche, mis alarmas siguen en silencio.
La cuestión principal con esta nueva temporada de Euphoria, al menos para mí, desde que la vi anunciada, fue, ¿qué tan necesario era? ¿Tienen los personajes de Sam Levinson algo más que dar, suponiendo que ya fueron llevados al (aparente) límite? Me temía un caso de vaca sagrada con las ubres ya secas a las cuales el granjero se aferra porque de ahí sale el dinerito. También el póster promocional me pareció excesivamente Hollywoood, y ví una descripción en internet que se me hizo muy acertada: "This shits now looks like Avengers for whores...", ese amontonar cabezas de personajes a lo wey sobre el centro de un escenario lleno de luces... Paras mi sorpresa, y reitero, hasta lo que llevo visto, la serie no es un Vengadores para perras malas. Hay un seguimiento a cada personaje que me parece coherente y creativo, y que supone, en todos los casos, una ampliación de escala que no se exagera ni mete demasiado de golpe. Lexy, por ejemplo, la tranquila dramaturga, que en comparación con el resto de personajes podría parecer aburrida y sin aura, entra de lleno al mundo del espectáculo televisivo, y su viaje personal va funcionando como ventana hacia ese orbe oscuro y cruel que ha sido desde siempre Sunset Boulevard. Mady, trabajando también para la industria del entretenimiento, pero como agente de un mamoncito actor que no valora su trabajo, remata este retrato estructural de Hollywood. Rue, ya dijimos, pone en la mesa el tema de las drogas, la tensión entre México y EUA, que ahorita mismo está calientísima; la manera en que su desarrollo personal, su lucha por encontrarle un sentido a la vida y su inocente idealización de la vida rural americana se compagina con la trama de la supuesta guerra contra las drogas que, o sea, aunque no es un profundo estudio académico sobre las circunstancias militares, socioeconómicas y culturales que han inventado este conflicto (pues se entiende que no podría serlo, ya que es una drama televisivo, y no un artículo de politología), se rehúsa a replicar la narrativa gubernamental de Norteamérica. Rue cruza la droga de acá para allá. La droga cruza para allá porque el mercado está allá. Y el mercado está allá porque allá no existe la esperanza, sino el gran vacío, el gran fingimiento, la gran apariencia detrás de la cual espera un cuerpo esquelético, con insomnio y síndrome de inmunodeficiencia adquirida, temblando por el ansia de una nueva dosis.
¿Y qué hay de Cassie? Como siempre, como siempre, el principal objeto de las críticas es el cuerpo expuesto de una mujer. Claro que tampoco estoy aquí alabando ni la pornografía como representación del sexo ni a la industria que detrás de ella mueve todos los hilos, pero tampoco considero que Euphoria sexifique a sus protagonistas, incluyendo a Sidney Sweene. El cuerpo esbelto, voluptuoso y rubio de Cassie Howard se ve problematizado, otra vez, de forma compleja. No es un puro mostrar chichis porque atrae audiencia; hay una crítica implícita hacia LAS CONDICIONES ESTRUCTURALES que llevan a muchas mujeres a querer ganar dinero vendiendo fotos eróticas, empezando por el machismo rampante y asqueroso que quiere convertir el cuerpo femenino en propiedad y en moneda de cambio. Hacia el final del primer episodio, cuando Nate y Cassie por el precio de las flores de su boda, ella sugiere, con iniciativa, que podría tomar un papel más activo en la economía doméstica...abriéndose un OnlyFans. El orgullo machista de Nate, evidentemente, no puede tolerar ni que su esposa enseñe el cuerpo (a otros hombres) ni que traiga dinero a la casa (como si no hubiera un hombre para hacerlo). Sospecho que la historia tampoco tomará el camino de encumbrar la autoerotización como vía de emancipación feminista, pero me falta ver más para afirmarlo.
Por lo demás, yo me quedo con la potencial exploración de "Lo americano" que parece proponer Euphoria en su tercera temporada. La presencia del estilo western, el hecho de que Nate se dedique a levantar edificios en zonas protegidas, la ambivalencia moral y geográfica de Rue, que en las primeras escenas del primer capítulo queda por un momento literalmente suspendida entre los dos países, preparan la historia para una especie de crítica o exploración consciente del "destino manifiesto", la ideología nacionalista que acuñó John O´Sullivan para justificar la anexión de Texas y, en última instancia, la supremacía amparada en la religión cristiana de Estados Unidos como nación-policía-deidad de todo el planeta. Me vale verga Rotten Tomatoes porque yo tengo criterio y puedo pensar. Recomiendo, recomiendo...



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