Vengo de haber estado con mis nueve estrellas
Mañana temprano me encamino hacia la apertura de mi cuerpo en vivo y en directo ¡La gran inauguración de mis entrañas! Escalpelo, bisturí y olor a éter. La piel, que me separa del y me conecta con el mundo. La piel que filtra el mundo y que es el embudo por el cual debe pasar el mundo antes de entrar a mí. Esta piel que se abrirá para dejar pasar a los extraños. Algo ha crecido adentro de mí, ha proliferado a costa mía. Es la Fractura. Una discontinuidad, que debe ser reparada a como dé lugar. Un error que rompe el diseño de Dios. El terror con el que la ciencia médica trata mi error. Quiere curarme, pero desde el miedo. Mi cuerpo se atreve a mutar, a equivocarse en su propia evolución, a incurrir en el exceso, de materia, de tejido, mi cuerpo osa ser diferente a la idea de El Cuerpo, mi cuerpo encarna una diferencia. Y he de pagar el precio de ese atrevimiento. El atrevimiento debe ser emparejado, inmediatamente, resuelto. No me aterorriza el dolor, la conciencia de que estoy siendo explorado por extraños, los filos y la clínica frialdad, sino la idea macabra, distante, gris e inexpresiva de estar en un hospital. Un espacio diseñado para contener a los que sufren. La casa del padecimiento. El desconsuelo, la desesperanza cuajada en cada rostro. Si me esfuerzo, encuentro humanidad entre los otros que también esperan. Espero junto a ellos, algunas y algunos me hablan. Siempre he sido la persona más joven de las salas de espera. El acero se entrometerá en mi sangre, el frío y desinteresado acero. La mano recubierta en hule, igual o hasta más inhumana. Envuelta en ese triste azul verdoso, esa no puede ser la mano de ningún ser humano. No hay brazo detrás de ella, sólo un vacío. El movimiento de cuerpos ajenos dentro de mi cuerpo. Ser penetrado. Me aterroriza que se pueda llegar a considerar que una parte de mí, un legítimo fragmento de mi forma física deba ser erradicado a partir de un diagnóstico, de un juicio, de un examen. Reprobé.
Vengo de entregarme a Mis Nueve Estrellas en la calle, en la noche, la toqué en medio de la banqueta, ella vigilaba un lado y yo el otro, y no paraba de decirle al oído: no cierres los ojos, no cierres los ojos, y ella me juraba que no los cerraría, pero yo descuidaba mi lado volteando a verla y la veía derramada, desmayada contra mi brazo, absolutamente extática e incapaz de sostenerse en pie, gimiendo, casi llorando, abandonándose, oh, flotando, hacia la exhalación que es el placer, la profunda y limpia exhalación de una muchacha que está satisfecha, su agradecimiento, su tierno agradecimiento, el cariño de cómo agradece...no tiene igual. No hay nada igual, ni antes ni después lo puede haber. 9 Estrellas, estela en el agua y el cielo, te seguiré, hasta donde empiezas, hasta tú
Estoy acostado sin sueño. Vengo de estar con Mis Nueve Estrellas. La operación será en tres horas. No he dormido. No hay ganas de dormir, nomás inquietud. Mañana, mañana y mañana... mañana está a solo tres horas de distancia. Mañana extraños abrirán mi cuerpo. Mañana me verán por dentro, en la intimidad de mis errores. Mañana seré corregido. Mañana sentiré los nervios de estar encuerado ante extraños, de ser tocado, rajado y sedado por extraños. Arre


Comentarios
Publicar un comentario