Miéntele de nuevo, miéntete a ti misma







$AD BOYZ 4 LIFE II (2023) es su propio género de música. No es banda, ni corrido. No es música tumbada. Su mezcla de una letra tan triste que lastima con los los ruidos crudos y profundos de la tuba, el rico y complejo requinteo (comparable, solamente, al de algunas de las mejores canciones de Ariel Camacho) son cosas que no se habían dado hasta ese álbum en la música mexicana y que, ciertamente, no volverán a darse otra vez (ni siquiera en el propio Junior H). 

Hay un problema, me parece, en cómo tendemos a escuchar y pensar en la música, un problema del cual se libran, mucho más fácilmente, otras artes: el problema del género. La literatura, por ejemplo, depende mucho menos de los seguros y bien delimitados terrenos del género. Si bien es cierto que existen dos grandes gigantes que parecen dominar el vasto territorio literario (la prosa y la poesía), estos tienen más que ver con la forma del lenguaje que con el contenido del lenguaje en sí. Cuando se piensa en Dostoievski, en Sor Juana, en Anaïs Nin o en Juan Rulfo pensamos en ellos como artistas, su identidad personal y profundísima, en sus obsesiones; prefiero obsesiones al aburrido y genérico temas, precisamente porque tema es algo que me suena impersonal, algo que cualquiera puede recoger para decir algo sobre ello y después dejarlo y seguir a otra cosa. Una obsesión es algo vinculado directamente con quienes somos, y lo que decimos sobre ello tiene una naturaleza cruda, palpable, visceral. Una obsesión es un asunto personal. Junior H es un artista de obsesiones, más que ningún otro del llamado Tumbado. Cada uno de los cantantes agrupados bajo esta etiqueta, es cierto, tienen voces distintas, estilos distintos y ritmos distintos. Pero ninguno de ellos se mete a su propia cabeza para enseñarnos lo que hay por dentro. Hasta su voz, que en los demás busca hacerse potente, autoritaria y enérgica, en Junior se sabe quebrar. Pero este es un quiebre que descubre nuevos horizontes auditivos, nuevas inflexiones y matices emocionales, nuevas posibilidades de expresar los mismos y los nuevos sentimientos. 

Todos los cantantes del Tumbado dicen que vienen de abajo, que ya les aburrió el arriba y que por eso viven en el mero límite, que se han rodeado de cuerpos caros y de carros caros, de animales exóticos y drogas de colores, pero sólamente Junior H se atreve a decir que todo ese despilfarro y aburrimiento y superioridad y aparente desinterés vienen de un lugar bastante oscuro, de un abandono primordial, de un dolor y de una tristeza. Lo Tumbado es solamente la fachada; Junior H no puede, no sabe fingir. Se ve delatado por su música. El origen de todo el estril y extravagancia que caracteriza a lo Tumbado es un desamor, y todo lo que rodea ese desamor: los celos enfermizos, la inseguridad, la dependencia, el rencor. La toxicidad que es adictiva y que sabemos que nos hace daño, pero, ay, que es casi imposible de dejar. No me parece un asunto menor. Esta naturaleza oculta, eclíptica, de todo amor, es algo que obsesiona desde siempre a los poetas. Veamos cuál es la idea que tiene alguien serio y artístico y CANÓNICO como Lope de Vega acerca del amor. Un fragmento de su poema Desmayarse, atreverse, estar furioso (1602)...

huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor suave,
olvidar el provecho, amar el daño.

creer que un cielo en un infierno cabe
dar la vida y el alma a un desengaño
esto es amor, quien lo probó lo sabe. 

La última estrofa es importante. El amor es una cosa que sólo puede ser entendida si se ha sentido, si se ha perdido la cabeza, el cuerpo entero  por amor. Esta forma de pensar y de sentir el amor hace de él una cosa selectiva, exclusiva, algo que está reservado para los conocedores. Nada más los que han amado, y quizá también lo que han sido desamados, pueden sentir y entender de lo que habla $AD BOYZ 4 LIFE II. Es ciertamente un vicio el amor, pero un muy refinado vicio, destinado para pocos. La celebración, los exóticos excesos de lo Tumbado son una experiencia mucho más accesible al gran público, porque aunque muy pocos lo hayan vivido, todo mundo ha albergado esa clase de deseos: crecer, ganar mucho dinero, humillar a aquellos que nos han mirado desde arriba, ser importantes, considerados, buscados por la gente. Son deseos corrientes y vulgares. Pero... ¿amar? ¿Amar y perder? Eso no es para cualquiera. No todos están preparados. No puede estarse preparado para una cosa así. Y amar a alguien es una cosa destinada a la tragedia, lo sabemos, sí, mas eso no nos detiene. Mientras todo en la naturaleza, cada planta, cada bestia y cada microorganismo está diseñado para perpetuar y proteger su propia integridad a toda costa, el amor, el amor humano, es la experiencia de la vulnerabilidad, de ver menguar los propios recursos, físicos, vitales, para engrandecer otra felicidad que no es la nuestra, aunque sí sea la nuestra. Amar es dar. Dar sin ver cuánto ni pensar en cuánto quedará para nosotros después de haber dado. El que ama queda en deuda consigo mismo. En Miéntele, Junior dice: me pagaste mal, no sé por qué, si contigo siempre me la rifé, sobraba amor y lo gasté...es el desequilibrio. A pesar del lenguaje, aparentemente económico (pagaste, sobraba, gasté) no está hablando de dinero, sino de tiempo, de energía, de vida. El amor es un gasto de vida, que nos trae, a cambio la felicidad...y eventualmente, la infelicidad, que como la felicidad, tiene su forma de ser saboreada. Junior H se saborea en toda la riqueza lírica, artística, poética que existe en la tristeza del amor. Es el artista que dice que sí a la oscuridad de los amores. En Así hablaba Zaratustra, Nietzsche le hace decir a este: 

Entonces, amigos míos, dijisteis, "sí" también a todos los dolores. Todas las cosas están encadenadas, trabadas; si quisisteis en alguna ocasión que una vez fuese dos veces, si dijisteis algún día: "Me places, felicidad", entonces quisisteis que todo volviera. Todo nuevamente, todo eternamente, todo encadenado, todo trabado: así amasteis el mundo. Vosotros que sois eternos, le amáis eternamente y siempre, y decías también al dolor: "¡pasa, pero vuelve!" PORQUE TODA ALEGRÍA QUIERE LA ETERNIDAD. 

La música de Junior H le dice a la tristeza "¡pasa, pero vuelve!". Es adicta a la tristeza, porque la tristeza es leal. Porque la tristeza siempre vuelve. Tampoco vengo aquí a contar mentiras. La música de $AD BOYZ 4 LIFE II también está rodeada de toda la parafernalia de lo Tumbado, habla de marcas, de ciudades, de estilos de vida hiperbólicos. Pero no son su esencia, no son canciones definidas por nada de eso, sino por el constante e intenso sufrir de estar amando a alguien a pesar de eso. La música de Junior H es la única dentro de todo lo tumbado que admite que no basta, que nunca bastarán los lujos ni los excesos para suplir algo tan básico como el amor sincero. Y el álbum del cual discutimos en este mismo texto es un estudio minucioso del proceso mediante el cual nace una persona tumbada, bélica. No se necesitan, entonces, demasiadas vueltas para entender qué es lo tumbado. Alguien tumbado es alguien que ha caído de la nube del romance, que ha visto y sentido en carne propia la caída de las ilusiones, de la entrega, del romance y la pasión monógama. Un tumbado ha decidido salirse del círculo de los reinicios amorosos. Un o una tumbada no cree en los nuevos comienzos. El sagrado esquema comienzo-final ha quedado profanado, rasgado, definitivamente. Los Tumbados conocen el juego al derecho y al revés, conocen los parámetros de toda seducción y los ha encontrado aburridos, repetitivos, desechables. Han salido vivos de su primer amor, pero no han salido indemnes. Ahora confían menos, ahora no se entregan por completo...ahora mantienen un pie en la puerta, por si necesitan, de repente, escapar. Pero no escapan. Se quedan hasta el final mismo de todo, y aun después del final mismo de todo permanecen, velando por la relación ausente y muerta, vagando cual fantasmas de la relación, hurgando, metiendo el dedo en lo fresco de la herida, impidiéndole cicatrizar. 

Miéntele parece una canción de despecho, llena de coraje y de rencor, y es cierto que en ella hay coraje y rencor, pero no es todo lo que hay. Porque la voz cantante, el equivalente al yo-poético, quiere volver a ser mentida, quiere que le mientan una y otra vez. El yo-poético, que es el yo-enamorado, necesita que le mientan, tierna, dulcemente. Ser consciente del engaño no te vuelve inmune a él. Antes al contrario, te lleva a apreciar y valorar el engaño en su justa medida. Hace falta un especial coraje, una especial creatividad para engañar romántica y emocionalmente. Aunque nadie lo vaya a admitir, aunque las personas, hombres y mujeres, pretendan asquearse y escandalizarse ante la sola idea del engaño (y este rechazo se amplifica en nuestra época, que retorna migajeramente a la moral, al mundo del moralismo paranoico). Pero lo que todavía más poca gente está dispuesta a aceptar y a valorar es que se requiere más valentía y más creatividad para ser el engañado. El engañado interpreta un papel, lo dramatiza. La dinámica romántica nació con la mentira. Todos los amantes son mentirosos. Todos y todas. No hay excepciones. Y la música nos ayuda a recordar y celebrar este fundamental hecho de la mentira como semilla de los vínculos humanos. Levantar entre dos un refugio contra el cambio, contra el tiempo, contra el Gran Desgarramiento, que no tardará en venir. Amar es un pacto secreto, destinado a quebrarse porque deberá pelear contra mil archienemigos, mil molinos de miles de aspas que buscarán despedazar a toda costa los cariños, las confianzas, la locura Quijotesca de caer enamorado de una Dulcinea. El hecho de que, canónicamente, Dulcinea del Toboso no exista, es otra clave. La más grande locura del Quijote no es arremeter contra gigantes disfrazados de molinos, ni irrumpir al centro de los rebaños creyendo que intercede en una decisiva batalla, ni tomar por un legendario yelmo a una vulgar bacinica, sino creer, defender y perseguir el anhelo amoroso de su bienamada Dulcinea. El amor es una ilusión, pero cuando otra persona está teniendo la misma ilusión que tú y te la confirma con sus sentimientos, ¿cómo no creer en esa ilusión?

El núcleo de la música de Junior H, y de casi todo el género de los corridos, es la tristeza. Pero el hecho de que lo Tumbado levantara la atención de tanta gente, incluida gente que en su vida había sido de escuchar regional mexicano, es importante. La ostentación desvergonzada y obscena, canalizada a través de la música, le permite a muchos sectores históricamente blancos, históricamente pudientes, sectores que usan sin tapujos la palabra naco autoaceptarse, sintetizar aquella parte de su sombra que ama y se goza en el lujo y en la presunción y la desigualdad. No fue raro ver por entonces, cuando ocurrió el boom de estas canciones, tendencias críticas que hablaban de un "blanqueamiento" del corrido y la música regional. Pero la equivocación de la crítica estuvo siempre en hacia dónde apuntaba. Muchos de los grandes cantantes de corridos de este país han sido blancos, o al menos moreno claro. Lo que cambió fue que ahora la gente blanca, blanca de a de veras, blanca Partido Acción Nacional, la escuchaba. Ese sector que había encontrado en los corridos un blanco apropiado para sus insultos y prejuicios clasistas, de repente disfrutaba de esa misma música, sin culpa. Y eso tuvo consecuencias. Se academizó lo Tumbado, se problematizó, se hizo de un estilo musical un asunto teórico y científico. Esta tendencia, afortunadamente, no fue en manera alguna popular ni impactante dentro del panorama, y ha muerto silenciosamente. El patrimonio del pueblo mexicano no es sujeto de estudios sociológicos. Todo intento de intelectualizar esta música, llámese regional, tumbada, alterada o bélica, acaba en un poco presenciado ridículo. El regional es la música de los grandes sentimientos, de la gran intensidad emocional, y eso es algo a lo cual solamente se accede cuando se vive al borde, en la precariedad, en la mendicidad y la casi pobreza. Vivir al día te hace alguien  capaz de valorar la vida de una manera especial. Uno se vuelve catador de la vida, se vive cada vínculo como si fuera el último, se exprime al máximo cada ocasión de amar y de sentir y desgarrarse el pecho a causa de un OTRO. La gente pudiente jamás conseguirá saber nada de esto, y es bueno y mejor que sea de esta manera. También existen sentimientos y placeres que son exclusivos de la raza, y que no se compran ni se pueden simular. 

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