"Vas de titular"

El domingo debuto en el campo. Si soy inteligente, usaré el sábado para dormir. Pero no soy inteligente. Soy tonto, me doy de topes contra la pared (todas las paredes). R***** insiste en sextear a altas horas, y yo insisto en no oponer ninguna resistencia. Soy arrastrado a su deseo, giro y me mareo en medio de su euforia sexual. Juega conmigo, soy un ratón muerto de miedo y ella el gato que nomás no me mata. Me deja vivo, siempre medio vivo, porque ella siempre volverá a cazarme. El sábado debiera descansar como no lo he hecho en semanas, pero ya sé que voy a aventarme de cabeza en el mundo y los días que están llenos de mundo. Debo mendigarle horas al día, mendigar minutos como este en el que escribo estas palabras, en que puedo sentarme a respirar, a escucharme respirar y repetir estas palabras adentro de mi mente, antes de que salgan a la luz, de darlas a luz y a sombra. No me temblarán las manos el domingo, no me temblará la voz. Daré órdenes que otros cumplirán. Le diré que no a cada balón. No van a cerrárseme los ojos, no van a ponerse pesados. Lumbre, lumbre aferrada a incendiar cualquier cosa, cualquier mala hierba o astilla, con tal de seguir siendo luz. Me agarro a lo que sea que mis flamas encuentren porque voy a seguir elevando la temperatura de este mundo, aunque sea un sólo grado entre Miles de grados, yo habré aportado un grado de calor de todo ese millar, seré responsable de una insolación, de una quemadura y de una fiebre, de una fiebre de esas hermosas que te ponen a ver cosas y alucinas mamadas, colores, una morra sentada en la silla de tu cuarto (sabes cuál morra y sabes cuál silla)

Amor, amor, el mundo es mi cenicero

mi lumbre se abrasa a sí misma

no quiero pensar en la hora cuando todo será ceniza negra 

no quiero pensar en las enormes nubes de ceniza que estarán vacías de agua

se supone que a la una habrá lluvia de estrellas, ¿debería no dormir y elevar mi apuesta contra las normas de este mundo sólo para ver brillos caer del cielo uno tras otro? Qué pregunta tan pendeja pues claro que voy a hacerlo. Quizá el viernes deba aplicar una ausencia estratégica del jale, para compensar y equilibrar el derroche de energía que está siendo esta semana. Debo aprovechar que soy groseramente joven. Dormir mal no me arruina el día, todavía no basta una noche de mal sueño para que yo tenga un mal día. Estar somnoliento me da paz. Crea una atmósfera protectora entre mí y el mundo, me da la delicia de bajar el ritmo, algo que, en circunstancias normales, no puedo permitirme. Cuando estoy somnoliento es como si me retirara del mundo hacia adentro de mí mismo, mi profundo y secreto regocijo en la placidez del sueño y el reposo, lo delicioso que es no ser consciente de las cosas, las aguas tranquilas y hondas del no-saber, del no-sentir y del no-ser...del no estar aquí ni en este cuerpo, del cuerpo menguado por el sueño, borroneado, evanescente, la mente cual nube vacía, cruzando los cielos sin prisa.

Sé que jugaré para inspirar y hacer soñar y hacer realidades los sueños. En el juego estarán el Gallego y el Chicharrón. Son los dos unos gallos jugados, son pletóricos y son valientes. Son, quizá, de los mejores frutos que ha dado el largo árbol García. Quiero darles una exhibición de gallardía en el arco. Quiero que aprendan a no sentir miedo, a poner la cara y el cuerpo. El deporte es una bendición para la humanidad y en verdad creo que una vida sin deporte no merece ser vivida, que no puede ser feliz ni íntegra, una vida no-olímpica. Quiero rodearme de olímpicos, incluso si es necesario crearlos, despertar en todos los que pueda el gran instinto que llevó a los Griegos a inventar las olimpiadas. Los Dioses nos están mirando, están esperando espectáculo y belleza, fuerza y gracia corporal, inteligencia corporal, instinto físico. Ellos están mirando, en la tribuna, desde el cielo, desde adentro de mi mente. Siempre he sido cancerbero. Solía pensar que un portero era el que cortaba el ritmo de la acción, del juego de los jugadores que buscan atacar, pero ahora entiendo que mi rol es mucho más que eso, no corto el ritmo, lo corono, lo remato con mis manos y reflejos. El portero no interrumpe sino que culmina, él culmina la jugada si la ataja, y si el atacante la mete, entonces es él quien lo culmina. Pero es una disputa por el ritmo y por la voz del juego. Es quién dice la última palabra, cuál palabra hace más ruido. No tengo miedo, no tengo nervios. No voy a cerrar los ojos. No voy a hacerme chiquito ante los tiros. Voy a agigantarme ante el ataque, voy a aguantar sin protesta, mi cuerpo será el receptáculo de toda la violencia y frenesí de quienes quieren atacarme, un recipiente abundante, resistente, bellamente ornamentado, que aguanta todas las clases de golpes y que aguanta muchos golpes. No temeré al dolor. No temeré al delantero. No temeré. Que se vea pues

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