Fuck You, I´m fucked, Let´s fuck.



Es recomendable que, para la correcta interpretación de este artículo, el lector escuche atentamente los sonidos de este video:

https://www.youtube.com/watch?v=Qahee9DxFQM

Temptation rompió todas las pistas de baile. Desde Reino Unido hasta Nueva York, desde los 80 hasta los 20, todos se movieron, se mueven y se moverán al ritmo de los gritos de Barney Sumner, el sensual bajo de Peter Hook y la epiléptica batería de Stephen Morris. Pero al vibrante sonido de New Order se le sumaba un instrumento simbólico, una percusión y una electricidad fantasmal: la ausencia de Ian Curtis, su silencio que le disputaba el micrófono a Barney y que casi parecía, en las primeras presentaciones, robarle el aliento. Porque aunque New Order suene tan ruidoso, tan alegre, tan dancehall, estaba condenado a la permanente tristeza de ser el cadáver de Joy Division. Sus primeros conciertos son una hermosa colección de errores, de destiempos, de voces quebradas y relegadas a ecos. A aquellos músicos que también eran adolescentes les faltaba su hermano y su líder. Se ve y se escucha en la forma en que Barney intentaba imitar el espectro sonoro de Ian, en que no sabía qué hacer con su cuerpo para llenar el vacío dejado por los escalofriantes bailes de Curtis. No sabían qué hacer con ese abismo que de repente se había abierto sobre el escenario. 

La respuesta a ese dilema era más bien sencilla: olvidar. Olvidar la voz, olvidar el cuerpo, olvidar la letra. New Order, más que la agrupación que dirigió el dance y el synth-pop de los 80´s, más que los rastros de un ícono post-punk, era un himno para el olvido, eran canciones para olvidar. New Order no podría haber sido sin olvidar lo que fue. Tengo una lista bien larga con la cantidad de amigos, colegas y familiares que no sabían que, de hecho, existe un cordón umbilical que enlaza ambas bandas indefinida y fundamentalmente. Pero el hecho mismo de que la gente no lo sepa, de que crean que se trata de dos bandas absolutamente antónimas, es una evidencia de su victoria. New Order no es un olvido producto de la nostalgia, o del impulso por revivir una época y un instante; New Order es un olvido voluntario, un recuerdo que tardaría varios álbumes en desvanecerse y desalojar las gargantas y las guitarras de sus miembros. Joy Division tiene, en su nombre, la clave de su propia autodestrucción: el placer que se quiebra y que se pierde. Por eso, al hablar de su primer álbum, hablamos de Placeres Desconocidos, placeres que no alcanzamos a conocer, de los que sólo quedan fotografías, relatos, esqueletos edificados y consumidos por el hormigón.  

Muchos piensan, al pensar en el nombre de la banda, en alusiones nazistas, pero en realidad era una parte del poema. Ya nos advirtió Mark Fisher que Joy Division sólo pudo existir en las ciudades desiertas y deprimidas de la Inglaterra de Margaret Thatcher, que si hubiera intentado nacer en otro lugar, en otro tiempo, sencillamente no habría nacido. De la misma manera, si New Order no hubiese venido desde las ruinas de Joy, no hubiera tenido nada que olvidar, y por lo tanto, nada que ser. Cuando uno escucha Consent Age, Bizarre Love Triangle, The Perfect Kiss y Confusion, siente que escucha un rompimiento fabuloso y necesario, una separación con algo oscuro y triste. Como salir de una relación tóxica, como renunciar al trabajo que te carcomía los tiempos, como escapar de la casa de tus padres y entregarte a la confusión. Leemos los nombres de sus canciones, y no queda ni el aroma de los vacíos que estuvieron antes, nada de resonancias epilépticas ni líricas anhedónicas. Todos son títulos de euforia, de adolescencia, de drogas y exceso maravilloso. 

Hay un momento, un pico vertiginoso y escalofriante, en el que esta metamorfosis tan compleja puede ser escuchada y comprendida en todo su pasado, presente y futuro. Hay un concierto que explica cómo Joy Division se separa para siempre y se reagrupa bajo el estandarte de New Order. Hay un salto perfecto entre el Disorder de Curtis y el New Order de Sumner. Se trata de la presentación de 1981, en el Ukrainian National Home de Nueva York. Ahí, atosigados por el neón y el humo, agotados de no saber lo que son, llegan hasta el final de su concierto. Entonces el beat de un teclado preconiza lo que viene. De la oscuridad, surgen un puñado de rostros espantados, entristecidos, desorientados entre toda la gente. Continúan los pinchazos eléctricos, coqueteando con los ritmos de la música disco, articulando la atmósfera para el baile y la melancolía. Sólo porque gime el bajo de Peter Hook, sabemos que estamos frente a quienes fueran Joy Division. De momento, nadie sabe quiénes son. El instrumento emite sus acordes deprimidos y borrachos, casi a punto de dejar de sonar, seguidos a tientas por la guitarra semi-improvisada de Barney Sumner. La batería acaba por envolver esa extraña mezcla que coagulaba sus ritmos. Y entonces aparece la ausencia. Una voz que imita a otra, que intenta conjurar a un muerto. Barney Sumner no sabe cómo cantar, así que grita, violencia y dolor convertidas en una letra extraña, una letra que está siendo escrita sobre la marcha, el fantasma que insiste en no bajarse del escenario. Miradas hacia abajo, miradas hacia arriba, todos buscan algo entre los puntos muertos de la sala. Manos que se arrepienten, manos que tiemblan y caras que le dan la espalda al público. Oooo, Oooo, ésa es, de momento, la seña más clara de lo que esta banda quiere ser. Pero falta algo. Falta exorcizar al fantasma. Entonces a Barney se le ocurre una letra, una sola letra que acaba por darle dirección a toda la banda: Uuuuu, Uuuuuu. Ha nacido New Order, ha muerto Joy Division. Se consume el espacio vacío, en el escenario hay alguien. 

Por si no quedaba claro, le letra de esta versión (que no sería cantada en ninguna otra) es distinta por ser un borrador de Temptation. En la canción final, se repite el estribillo: Oh, it´s the last time. En este concierto, hay otro muy parecido: Oh, it´s the first time. Nada más perfecto. Esta fue la última vez que Joy Division tocó en vivo, y fue la primera para New Order. Y aunque sea la primera, también puede verse la última. Porque el camarógrafo enfoca en algunos momentos, de forma bastante poética, los rostros enfrentados de Barney Sumner y Peter Hook, un desacuerdo entre ambos que en el futuro volvería a dividir a la banda y los separaría para siempre. Y no existe nada como ver todo esto comprimido en un solo video, en un sólo concierto de una sola canción. La canción que relata una historia, que termina triunfalmente un período de luto, que cuenta como el underground salió del sótano y se volvió parte del mundo. El punk de los SEX PISTOLS enunciaba: Fuck You! El post-punk de Joy Division decía: I´m fucked. New Order, magistralmente, le gritaba al mundo: Let's fuck!

Hay una metáfora perfecta para este divorcio entre bandas. En la película documental de Grant Gee, Joy Division, Peter Hook relata cómo al llevar su primer disco a un pub local, al cual habían ido durante años, le pidieron al DJ que lo pusiera para todos. Cuando lo hizo, la pista de baile se vació. Nadie aparte de Ian Curtis puede bailar la música de Joy Division, pero todos bailamos la música de New Order. 

 

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