Hollywoo(d)(b): El pasado como lugar.
Ensayos sobre Bojack Horseman. II.
La segunda clave la da Herb Kazzaz en el episodio del telescopio, cuando se relata la historia entre Bojack y Herb, y se establece la metáfora de Hollywood como panteón de estrellas, y la verdad de que las estrellas que vemos brillar en el cielo y la televisión han muerto hace mucho tiempo. El arco sentimental de ambos amigos está vertebrado por la presencia de la noche, del cielo y el resplandor. Por eso el lugar en el que celebran por primera vez que Retozando se hará realidad, es en el Observatorio Griffith. Por eso Herb ve a Bojack a través de un telescopio, cuando el primero le pide al segundo que resista las amenazas de la ejecutiva de sangre fría que dirige el canal, y por eso, cuando se rencuentran años después, es Bojack quien no reconoce a Herb ni mirándolo a través del mismo telescopio. También, cuando Bojack y Herb salen del set de grabación de retozando y entran al lago artificial, Herb le asegura a su entristecido amigo que el futuro es brillante, mientras miran un horizonte postizo, detrás del cual la noche empieza a conquistar el cielo. Todo se está oscureciendo, y esa petrificación del principio no los salvará.
La otra estrella olvidada de la serie, Sarah Lynn, cristaliza este juego de metáforas con el que la serie empieza a barajar sus temas. Ella muere en un observatorio, su brillo se extingue, irónicamente, en donde el público va a observarlo (¿el observatorio como televisión?). Aunque llevaba extinguiéndose desde que era adolescente. La luz dentro de mí se apaga, le dice una joven artista mundial a una celebridad que se ha instalado nihilistamente en la nostalgia como forma de vida. Sarah Lynn se rehusó a convertirse en un pedazo de pasado, ella no podía ser el caballo de retozando y seguir cómodamente con su existencia. No pudo resistirle el pulso a Hollywood, y Hollywood se encargó de cancelar sus luces.
Al final, esa brea negra que absorbe a sus criaturas (misma brea que persigue a Bojack durante La vista en medio de la caída, como volviendo desde el pasado para reclamar algo que le pertenece) acaba por alimentarse de todo: juventudes, vínculos, memorias e historias, identidades. Hollywood es la metrópoli del pasado, el lugar en el que las estrellas cavan su propia tumba y se sientan mientras esperan la conclusión. Una advertencia en forma de ciudad de que la nostalgia es un buen lugar para hacer turismo, para extraer anécdotas y lecciones, pero no para quedarse a vivir. Mucho menos para morir.
Quizá, por eso, es importante que en el último capítulo, la última letra robada de su letrero se restaure. Es una manera de decirnos que el río del tiempo vuelve a seguir su cauce, que las cosas, por más jodidas y raras que se hayan puesto, vuelven a tener forma. Que los personajes aprenden a caminar más allá de lo que eran. Claro, el Señor Peanut Butter se encarga de que esta restauración no sea perfecta, colocando una B en donde debería haber una D. Aunque, claro, esto también es una forma de decir que las cosas no vuelven a ser lo que eran antes, porque nosotros no volvemos a serlo. Porque está bien exponernos a las emociones, a los sucesos, a los otros. Y quizá no pueda salirse del lago de brea siendo lo mismo que se era al entrar, pero quizá, tan solo quizá, eso no sea algo malo. Porque o la vida es una mierda y luego mueres, o la vida es una mierda y decides seguir viviendo. Eso ya depende de nosotros.



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