París: Ciudad imaginada
¿Qué es parís? París, para muchos, es una ciudad imaginada, un espacio en donde convergen la literatura romántica, el cine de la nouvelle vague y las fotografías en claroscuro, un rincón para el arte, el amor y los sentimientos. En general, un constructo, una elaboración colectiva de imágenes, palabras y sonidos. Muchas obras sobre París son conscientes de lo que implica su encuadre geográfico y cultural, pero en lugar de afrontarlo, deciden trabajar según sus limitaciones. París, de Cédric Klapisch, es su deconstrucción. Y por eso, París es hermosa. No exagero. A los pocos minutos ya sabía que quería que no se acabase nunca. Todo en ella es perfecto, porque todo en ella es dialéctico, sus planos, sus músicas, sus diálogos que rozan lo literario, sus poéticas del espacio. Cada segundo de esta película es oro francés.
Un retrato
de esa ciudad que hemos idealizado según los embates de la literatura, el cine
y la pintura que nos llega hasta acá. Yo, personalmente tenía a París en un
pedestal romántico casi ridículo, la ciudad del amor, la ciudad del arte, la
ciudad del placer, Pero París nos demuestra que, antes que ser un símbolo, no
deja de ser ciudad. No deja de tener calles y tráfico, no deja de existir la
vergüenza ni la torpeza, ni la pobreza ni la desigualdad. Pensar París como un
símbolo romántico es no pensar en París, sino en una copia de la copia. Y esta
cinta es lo suficientemente valiente para reconocerlo, y para construir desde
ahí una historia hermosa, dentro de la que caben un profesor de historia en
busca del amor; una estudiante que ama los cafés y la homeopatía; un bailarín
convaleciente; un grupo de trabajadores que encuentran el placer durante una
jornada cualquiera, y un arquitecto con una crisis de madurez. Todas esas
historias, como una Manhattan de Woody Allen pero vitaminada, elevada al cubo,
trenzando en un ritmo absorbente la vasta red de presencias que significa una
urbe del siglo XXI.
También me
encanta cómo juega con el acto de mirar, de observar a otros. La película es
sobre la gente que vive parís, pero también sobre aquellos que la ven vivir,
sobre esos testigos de lo extraordinario, que se parapetan detrás de una
ventana en un piso frente a la torre Eiffel, y ven cómo el mundo cobra forma.
Francia no es sólo efluvios de café, nébulas de tabaco y metros de celuloide.
Francia es mucho, y aunque esta película no es Francia, ni es París, es más que
suficiente.
La
recomiendo a todo el mundo. No es tan experimental como para resultar cansina,
aunque tiene un plano secuencia de gráficos poligonales en formato onírico que
divierte y espanta.
[La
imagen de portada es un fotograma de la película Vivre sa vie, de Jean-Luc
Godard]



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